Incluidos en el mundo


Entonces hubo algo que hizo que nos fijáramos en su situación en el mapa, y de repente volvieran a aparecer. Entre Egipto, Etiopía, Eritrea, Arabia Saudí, Kenia, Uganda, República Democrática del Congo, África Central, el desierto del Chad, y en medio de todo, Sudán. Su capital es Jartum, 16.000 millones de dólares de deuda externa,  78% de mortalidad infantil, 19 grupos étnico-culturales que componen su población, como lengua oficial el árabe, más 115 dialectos, una dictadura militar a cargo de un general que pertenece al Frente Nacional Islámico, 60% de población musulmana sunita, 15% de población cristiana, 25% de religiones tradicionales, animistas. Un país cinco veces mayor que España con más recursos naturales, con malaria, SIDA, malnutrición y tuberculosis como enfermedades más frecuentes. Sigo leyendo y trato de entender algo. 

Una historiadora dice: El conflicto sudanés es una guerra olvidada, hace cuatro décadas. Se remonta al año 1956 después que el país lograra su independencia del imperio británico. Sólo siete años de paz interrumpen los enfrentamientos entre el norte islámico y el sur no musulmán. Cuenta que aparentemente se trata de  una guerra de religión pero que el conflicto en realidad tiene sus raíces en la lucha por los recursos en un país rico en petróleo y tierras fértiles; y por otro lado en un racismo exacerbado que siente la población que se identifica como árabe contra los habitantes negros. Todavía más cercano en  el 2003 se lee en el artículo de una analista que existe una insurrección desde principios de año del Ejército de Liberación de Sudán (ELS) y del Movimiento por la Justicia y la Igualdad, contra el poder central el Jartum (MJI). Nos dice que la población civil, de tres tribus –de religión musulmana pero de raza negra- ha sufrido violaciones, saqueos y desplazamientos forzosos. Los autores, según señala un periódico, son milicias árabes, los Janjawid, que cuentan con el apoyo del gobierno central y del ejército. Y entonces hace pocos días los africanos aparecen de nuevo. Se cuenta en los periódicos como los Janjawid entraron a una aldea del sur les rompieron las piernas a las niñas y a las mujeres para que no pudieran escapar de sus repetidas violaciones y sin dejarlas en paz las echaron de su aldea sin recursos para que no volvieran a su tierra fértil. Y más atrás se leía, que la comunidad internacional aceptó que Sudán formara parte de la ONU. Y más adelante una amiga me pregunta si he leído la noticia de las niñas y las mujeres violadas durante siete días y  la violación usada como arma de guerra: “¿qué se puede hacer? ” y me quedo callada, porque me da vergüenza.



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