Mujeres de negro



Mujeres de Negro en la Plaza de Francia de Jerusalén



Las primeras mujeres vestidas de negro salieron a las calles de Jerusalén en 1988. Llegaron a formar 39 grupos repartidos por el territorio israelí llevando pancartas en contra de la ocupación. Los grupos formados por los dos bandos, palestinas e israelíes eran recibidas con insultos.

Según citan los periodistas que descubrieron esas movilizaciones, en 1990, meses antes de la guerra del Golfo, la idea tomó un rumbo independiente no relacionado con el pueblo palestino.

En diferentes países, sin conexión con la ocupación israelí, comenzaron a salir a la calle vestidas de negro bajo la denominación Mujeres de Negro: en Italia protestaban contra la política del gobierno italiano respecto a la guerra del golfo; en Alemania criticaban la venta de productos químicos al régimen iraquí, y ampliaron sus reivindicaciones a asuntos como el neonazismo, la xenofobia, la inmigración y otros problemas sociales; en la India condenaban el fundamentalismo hindú; en Estados Unidos, en San Francisco, protestaban por la indiferencia gubernamental frente a los sin techo; en Seattle pedían el fin de la violencia en los barrios; en Australia protestaban por la violencia doméstica. Sus protestas se producían en silencio.

La primera vez que supe de ellas fue a través de un fax recibido en una emisora, en 1991. Producían sus propias informaciones y se reunían en locales clandestinos para reivindicar la no violencia, con concentraciones en Belgrado en pleno régimen de Milosevic. Denunciaban la situación de la ex Yugoslavia  propiciada por un gobierno militar que controlaba los medios de comunicación. Explicaban cómo poco a poco los serbios vivían un período político de encerramiento y de rechazo hacia cualquier otra cultura que no fuera la suya. Explicaban su miedo y eran muy pocas.

Su forma de surgir o el hecho de que sus movilizaciones estuvieran integradas sólo por mujeres en países en conflicto, con gobiernos militares o dictaduras, ha producido que documentalmente se las considere  feministas. Pero el feminismo también es leído como una reacción extrema y radical de las mujeres frente a los hombres,  el bando contrario en una guerra de sexos.

Una parte, estadísticamente no estudiada, de las sociedades occidentales identifica el movimiento social de las mujeres en solitario, como una respuesta extrema no necesaria, o al menos no tan indispensable como lo pueda ser en sociedades más empobrecidas.  Los hombres que sufren desde pequeños las mismas injusticias sociales que las mujeres en Valencia, en Madrid...  no entienden los términos, políticamente correctos de: discriminación positiva o las ventajas de “género”. Reivindicar derechos o que el Estado te los dé en una sociedad en la que somos hipotéticamente iguales pero diferentes, es algo que no comprenden bien. Si lo fuéramos yo tampoco lo entendería.

En realidad no hace falta ser iguales para darse cuenta de que los grupos de hombres y solo hombres, han existido a lo largo de la historia por diferentes motivos.  Nunca serían malos, si tampoco fueran excluyentes. Ni los de hombres, ni los de mujeres. 

Puede que socialmente parezcamos “iguales”. Pero las mujeres seguimos teniendo un papel atribuido simplemente por serlo. No hay que mirar mucho alrededor para darse cuenta de que en una sociedad que se moderniza, todas deben “aprender” ciertas cosas para ser independientes o para valerse por si mismas, sumadas a esas características que ya se tienen por el hecho de ser mujer. El feminismo es necesa
rio en la medida que lo son otros movimientos sociales que reivindican los derechos de cualquier persona. Estar en inferioridad de condiciones significa tener que pelearse más para conseguir: una mayor estabilidad en el trabajo, el mismo sueldo que tu compañero de al lado, las mismas obligaciones domésticas y las mismas necesidades afectivas y personales que los hombres. Pero el feminismo está mal visto y probablemente muy mal considerado.
Es verdad, que las Mujeres de negro tienen motivos de mucho peso en relación a otras mujeres y que sus reivindicaciones están legitimadas. Lo curioso es que siguen faltando muchos hombres y mujeres de “negro” que sepan reconocer que algunos movimientos siguen siendo indispensables en el mundo.


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