Sí que recuerdo bien algún encierro en el que las mujeres, que normalmente se quedaban en casa para cuidar a los niños, se turnaban para pasar por las rejas a los maridos, comida preparada. Los encierros en las fábricas podían durar varios días y sí acarreaban riesgos personales. Puede que sea una idea romántica pero pese a que un porcentaje del sueldo se resentía a final de mes, los trabajadores y trabajadoras de los ochenta procuraban defender sus derechos y reivindicarlos, todavía de la forma más cruda. Vive en el pensamiento común que somos un país de vagos, que se regocija en los bares con los amigos, un país de miles de profesionales sin trabajo y de servicios en decadencia. No sé si sean estereotipos, lo que sí sé es que hay datos que demuestran que somos los trabajadores y trabajadoras, menos protegidos de Europa. Dice Salazar –sociólogo- que somos el país con más muertos “laborales” de toda la Unión Europea. Nos recuerda por desgracia que no tenemos conciencia de grupo como tal. Nadie podría definirlo mejor: la violencia laboral se reparte en muchos círculos, desde los muertos en el trabajo, los minusválidos, los inmigrantes explotados, los trabajadores de la economía sumergida, los jóvenes con contratos precarios, “los despedidos y prejubilados por empresas que consideran que los beneficios son insuficientes”... Más de seis millones de personas sufren ese tipo de violencia y dice Salazar que en esa cifra no se incluye los que experimentan algún tipo de acoso en el trabajo.
Los trabajadores son uno y no varios y el compañerismo es algo vacío de contenido. Si a una sola persona se le ocurre reivindicar algo que cree justo, seguirá solo. Algunos, muy pocos, tienen el valor y la decencia de ponerse en su sitio, postura nada rentable si se tiene en cuenta que la mayoría de nuestras huestes trabajadoras, echa horas extras por ganar méritos y agacha la cabeza si le llaman la atención, aunque haya hecho todo lo posible por hacer su trabajo cuando menos, con corrección.
Y
en realidad lo que somos en general, es poco valientes para darle un giro a esa
situación, sin sentir miedo y probablemente inventores de una nueva violencia
que afecta y divide nuestra vida personal. En el peor de los casos puede gozar
usted de tiempo libre para tomarse una caña de vez en vez y sentirse el vago
español que le dicen que será siempre. Tantos bares llenos debe ser un
indicador decisivo para estas cosas.
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