Invulnerables (2004)




La doctrina eclesiástica marca las normas sobre el comportamiento sexual en los católicos, creyentes. La mayoría, irreverentes a las normas, no mantienen relaciones sólo por reproducir, y usan condón. La Iglesia se mostró en contra de que en los países más pobres del mundo las personas utilizaran el condón para evitar la transmisión del VIH, SIDA.  La epidemia, que arrasa entre los que no tienen recursos, es en occidente una enfermedad como el cáncer que se trata a estas alturas con retrovirales (medicamentos que mejoran la calidad de vida de los infectados). Para nosotros los más y menos jóvenes españoles y hasta europeos –algunos prudentes- comenzó siendo la enfermedad de los homosexuales, con hábitos distintos a los nuestros, heterosexuales. Después fue la enfermedad de los hemofílicos, luego la de los drogadictos más enganchados a la heroína.  Alrededor de, construimos un mito- leyenda que a casi todos proporciona cierta seguridad por la cual nosotros los heterosexuales con relaciones cuasi-estables no corremos riesgos graves frente a esta epidemia. En otros lugares, la enfermedad vence el desarrollo de los países proporcionando entre los más pobres escasa o ninguna calidad de vida y esperanza.  Pero la realidad muestra otras cosas. En Europa occidental crecen las  tasas del VIH, porque la población joven heterosexual, mantiene prácticas de riesgo. Solamente en 2003, entre 30 000 y 40 000 personas fueron infectadas por el VIH, lo que hizo que el número de seropositivos pasara de 520 000 a 680 000. Los invulnerables no son tales porque los jóvenes empiezan sus relaciones sexuales, cuando son jóvenes y porque a los 14 o los 15 no se cae en la cuenta de que en la mayoría de los casos, la persona con la que se encuentran, todavía no hizo un pacto de fidelidad eterna. El riesgo reside solamente en no utilizar condón con alguien a quien apenas se conoce.

En el mundo subdesarrollado no hay preservativos, ni tampoco retrovirales. Es mejor, otra vez, llevarle la contraria a la doctrina y pensar que por lo menos aquí sí tenemos la posibilidad de elegir entre ser o no ser irresponsables con nosotros y con los demás. 

Comentarios